Skip to content

Un regalo para el espectador

agosto 5, 2010
by

Mientras que las producciones hollywoodienses se empeñan en meter con calzador el 3D y se dedican a utilizar el recurso facilón de lanzar algo hacia el espectador para intentar sorprenderle en vez de poner el énfasis en el guión, el gran estudio de animación 3D por antonomasia nos alegra el verano con una historia sencilla pero trepidante, con unos personajes divertidos y llenos de sentimientos, donde cabe la aventura, el amor, la traición, la nostalgia, y sobre todo, la amistad.

Pixar se atreve con la que se prevé como la última de la saga de los juguetes más famosos de la historia del cine de animación, pidiendo permiso al viejo Pinocho, y Toy Story 3 no defrauda. Los viejos camaradas de la habitación de Andy luchan por seguir unidos hasta el final, aunque éste sea trágico, y las nuevas caras mantienen la talla, sobre todo, el fashionista Ken y la estupendísima Barbie, esta última con gran protagonismo, gracias a lo cual la chica del mundo “rosa Mattel” demuestra ser una auténtica heroína, nada que ver con su imagen de rubia tonta. Además, por encima de la trama, esta pareja ideal tiene una misión importantísima, ellos son los encargados de poner el toque de humor a la historia y de proporcionar otra nueva vuelta de tuerca a algo con lo que en 1995 nos sorprendió la productora: los sentimientos que un juguete de plástico pudiera tener.

Desde la primera, ya tan lejana Toy Story, la idea era hacer realidad una fantasía de la infancia con la que todos hemos jugado: nuestros muñecos puede que en realidad tengan su vida, vean lo que hacemos, se sientan queridos o desplazados, nos escuchen o sean confidentes de nuestros sueños… Estos pensamientos han debido rondar en la cabeza de todo niño que haya tenido la fortuna de tener juguetes, pero llegada la adolescencia se olvida, se niega como un imposible.

Lo mismo les pasó también a los adultos que hacían cine de animación, demasiadas veces anclados en cuentos de princesas o en historias de grandes héroes, pero por suerte, uno de aquellos adultos con alma de niño decidió fundar Pixar y estrenarse con un largometraje que no dejó indiferente a nadie. John Lasseter fue capaz de dos cosas muy importantes, la primera, demostrar que el 3D no era ni frío ni rígido, y pese a las limitaciones técnicas de aquellos lejanos noventa, la mente despierta del director le hizo elegir muñecos, ya de por sí poco dúctiles y algo que no importa cuando se juega con ellos, pero que también, sirvió para paliar las deficiencias de unos setups por entonces no tan sofisticados, pero es que además, aún siendo pioneros en la animación por ordenador, no intentaron ni por un momento embobarnos con el virtuosismo técnico, ya que si algo ha tenido claro Lasseter desde siempre es que la perfección visual no hace grande a una película. El segundo de sus méritos fue, por fin, demostrar que las historias supuestamente infantiles no tienen porqué ser sólo cosa de niños. Olvidamos fácilmente que los problemas de la niñez son tan importantes como los de los adultos, aunque el círculo vital sea más reducido la ansiedad ante las adversidades es la misma, incluso mayor, y los sentimientos también son compartidos. Recuperar esa fascinación perdida por nuestros juguetes fue un regalo para todos, y eso siempre se lo deberemos a Toy Story, por mucho que las otras producciones de Pixar nos hayan enamorado.

En esta nueva entrega, ya con la técnica de su parte pero sin hacer ni un solo abuso de ella, los muñecos siguen moviéndose “torpemente”, ¿y qué?, y la historia está tan bien hilada, que para que no olvidemos que se trata de juguetes nos introducen píldoras de aparición humana en las que los protagonistas quedan a nuestra merced. Eso sí, cuando no hay rastro alguno de “vida animada” se desatan momentos memorables en la casa de Ken, o con el baile a lo Gipsy King con el que Carlos Baena ha sido bendecido como animador porque una secuencia así es un regalo del cielo que luego, generosamente, él a su vez nos ha regalado.

De eso se trata, de regalarnos unos personajes con los que seguir fantaseando y divirtiéndonos, de regalarnos esa dosis de humor mezclada con la nostalgia de un tiempo, que si es demasiado simple decir que fue mejor, al menos, sí fue más libre porque en nuestra mente no cabían los obstáculos, el juego nos permitía hacer cualquier cosa y ser quienes realmente queríamos.

Realmente, Fantástico Mr. Fox

mayo 30, 2010
by

Aún seguimos teniendo la cabeza hecha a cuadrícula cuando hablamos de cine, y mucho más si de animación se trata, pues con lo que ha llovido y todo lo que se ha hecho desde que los Lumière rodaran a los trabajadores salir de una fábrica (donde, por cierto, el argumento es lo menos importante del experimento), deberíamos estar ya más que acostumbrados a entender que el cine no tiene porqué solucionar las historias que nos plantea, de hecho, cómo las plantea y lo que nos deja a nosotros que planteemos es lo que debería preocuparnos. Así pues, es verdad que Fantastic Mr. Fox no va a solucionar los problemas de su protagonista, pero si lo hiciera caería en la trampa que tan embelesadora y profundamente urdió Disney. Yo no quiero un final feliz, quiero un final “me he librado por los pelos, y probablemente seguiré siendo quien soy porque las lecciones no van conmigo”, y más aún si la voz la pone el picarón de George Clooney.

Y es que una historia para “niños”, (también la original en la que se basa la película, la del fabuloso Roald Dahl, autor de relatos como Charlie y la Fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante o Matilda, entre otros muchos), que nos hable de la crisis de los cuarenta, de tener un hijo rarito (y por raro entendamos diferente a los imperativos tácitamente establecidos, y por favor, abrid vuestra mente al pensar en ello… efectivamente, no hablamos de un zorrito poco avispado, esto de extrapolar sentidos más allá de la película es lo que tiene, hay que esforzarse pero da sus resultados), o de acabar aceptando las imposiciones sociales que van contra el propio instinto, más aún si de una amante esposa se trata, pues tiene bastante chicha, sobre todo porque en esta exquisita película se nos dicen las cosas a gritos, ¿o acaso hay algo más extraño que un grupo de alimañas intentando vivir respetando unas reglas?

Esa misma evidencia también se traslada a la ejecución, donde se usa el stop motion y se nota que lo es, es decir, no se busca la perfección técnica, ni narrativa, ni argumental, al carajo con todo eso si lo que se está haciendo es algo completamente fantástico (y nunca mejor dicho), irreverente y con la intención de hacer reír y disfrutar de las resoluciones, de tan simples, maravillosas. Ese estilismo “torpe a propósito”, que deja constancia el arduo trabajo artesanal que hay detrás de la animación, combina magistralmente con el impecable trabajo artístico: colores ocres y amarillos que generan un ambiente cálido, y muchos detalles brillantes con los que disfrutamos los más locos por lo retro.

Divertida, audaz, con una banda sonora genial (incluyamos música, voces, que por supuesto hay que ver en versión original, y efectos), con unos personajes muy bien construidos, y con soluciones que hacen reír a los pequeños, y a los que no lo somos tanto, nos hacen sorprendernos de lo estupendo que es a veces elegir la opción más sencilla. Quizás sea cierto que le sobra algún metro de túnel, pero discúlpenles, son animalillos del subsuelo y hurgar para conseguir lo que quieren es lo que mejor se les da.

Fantastic Mr. Fox

Guión y dirección de Wes Anderson

Donde terminan las almas

diciembre 20, 2009
by

Teñido de los ambientes de los libros de Carlos Ruiz Zafón, el corto Alma, escrito y dirigido por Rodrigo Blaas, se impregna de una atmósfera enrarecida que se intensifica por la presencia de la infancia. Como en las novelas del escritor, que nos guía con palabras por la ciudad modernista de Barcelona, la ambientación de los escenarios nos llevan directamente a la Casa Batlló de Antoni Gaudí y al Art Noveau de Víctor Horta, y la niñez se convierte en una etapa que nada tiene que ver con los juegos pueriles.

Chocan así, un presente, sólo intuído por la protagonista y un pasado misterioso que esconde un sórdido secreto. Alma es la protagonista, pero el alma es lo que se retrata en este cortometraje, donde se nos explica cómo nuestro espíritu vive en cárceles de puro materialismo, representado en los cientos de muñecos, que como seres aparentemente inanimados, nos ofrecen una visión de lo cercano como algo ajeno, esa extrañeza de lo cotidiano que produce escalofríos. Brilla el engaño de hacernos creer que la realidad de aquel espacio es terrorífica, cuando en verdad es la realidad la que está aterrorizada, como bien lo muestra el autómata que intenta desesperadamente escapar de aquel lugar maldito.

Alma subvierte la idea alegre y divertida de Toy Story, realmente no es un corto para Pixar, pero es mucho más intenso. De nuevo el juguete es protagonista, esta vez de una pesadilla infernal, como la de Marina de Ruiz Zafón. Y como allí, se deja abierta una historia que nos hace dudar de si es fantasía o ese es el lugar donde acaban los niños que desaparecen, o más bien, si es una metáfora del páramo donde acaban las almas de los niños cuando dejan de serlo para siempre.

Ver corto

Totoro “reestrellado”

noviembre 9, 2009
by

La semana pasada se reestrenó en cines la obra maestra del cine de animación “Mi vecino Totoro”. Lo que se preveía como un avance de la incursión del anime japonés en nuestro país, se ha quedado en pura anécdota. El estreno ha tenido lugar en dos salas de la capital, imagínense la situación en el resto de España. Queda vigente, pues, que el cine de autor, y más aún el de animación, sigue postrado en las carteleras por su poca rentabilidad, pero quizás ésta pudiera invertirse si al menos se intentara hacer uso de la publicidad, a veces tan machacona pero a la vez tan eficaz.

2413_1_660

Es cierto que medios nacionales como El País han ofrecido sitio en sus publicaciones para presentar la película, pero seamos sinceros, ¿qué público lee El País? Desde luego no es el público que dedique su tiempo a la animación, y mucho menos público infantil, que aunque no hace falta vindicar que las películas de Hayao Miyazaki no son cosa de niños, “Totoro” es una de esas fábulas de contenido para todos los públicos, y no me refiero a que no necesite censura, sino que hay mensaje para todos.

mivecinototoro-imagen

Es “Totoro” un auténtico oasis entre tanta película de argumento endeble y risa fácil e insustancial. Por esto, me encantaría no tener que leer continuamente los mismos tópicos sobre las películas Ghibli. Lugares comunes tan hirientes como la insistente comparación de Hayao Miyazaki con Walt Disney. No tienen nada que ver, ni personal ni profesionalmente, pero es que además, la influencia del segundo en el primero es una absurdez como la copa de un pino. Los occidentales tenemos la mala costumbre de comparar lo que no es producto propio con lo nuestro, buscando diferencias y semejanzas que nos ayuden a comprender las cosas desde nuestro punto de vista, actividad poco fructífera, por no decir, pérdida de tiempo total.

Miyazaki cuando quiere teñir de “occidentalización” alguna de sus obras, viene, observa, apunta y plasma. No se queda sentado en su tatami comparando, a ver si existe algo japonés con lo que pueda representar lo occidental. Pero “Mi vecino Totoro” es una fábula nipona cien por cien, con contenido a veces indescifrable por nosotros, pero con un mensaje tan universal que poco importan los flecos que quedan sueltos, de hecho, ellos son lo que hacen de la película algo diferente, exótico, cuasi-místico.

nekobusroof

En un mundo hostil, en el que existe la pena, la añoranza, la enfermedad, el problema de las distancias, la vida dura en el campo, también se desarrolla la imaginación, y la infancia nos puede regalar amigos extraordinarios que nunca deberíamos perder. Las mismas experiencias son vistas desde diferentes puntos de vista: la inocencia infantil, la incredulidad adolescente, que va perdiendo la espontaneidad pero aún quiere aferrarse a ella, la madurez y la cercanía a la muerte. Como veis hay para todos. Pero además, Miyazaki crea un imaginario de personajes, que aunque inspirados en la mitología japonesa, hoy por hoy, tienen ya una identidad tan definida y forman parte tan profunda de la vida de los japoneses, que han dejado de ser “personajes inspirados en” para convertirse en verdaderos mitos.

totoro house

Por último, sería casi un desprecio al honorable Miyazaki no hablar sobre el mensaje ecológico de la película. Tema revisado una y otra vez desde diferentes perspectivas por este hombre que al menos puede estar tranquilo, porque dentro de sus posibilidades, ha intentado alertar al mundo de los peligros del abandono y sobreexplotación de la naturaleza. Pero además, lo que le honra, es que el mensaje lo lanza sin dar por sentando que no lo entenderemos, él es consciente del problema y le apena enormemente, pero aún cree en el ser humano y en sus entendederas.  Como buen cineasta, dice las cosas sin explicarlas, él muestra, y en cada detalle deja traslucir su amor por lo que le rodea. No es un detallismo en forma de alarde, de demostración de superioridad técnica, es más bien un detallismo mental, como en las antiguas estampas japonesas, el tiempo dedicado a cada trazo es un tributo a lo que está representando, y por ello, el tiempo y el trabajo empleados son medios de dignificación y de humildad. Qué bella palabra en alguien tan grande como Hayao Miyazaki.

Un repaso por “Up”

agosto 31, 2009
by
Lo han vuelto a hacer: historia enternecedora, guión efectivo y personajes carismáticos. La técnica impecable (por mucho que algunos opinen que otros estudios de 3D los alcanzan… los de Pixar siguen siendo los maestros de la animación y, sobre todo, del acting).

La historia engancha porque desde el primer minuto nos acorralan en el rincón de los sentimientos, y a partir de ahí, ya son capaces de hacernos llorar, reír, nos ponen en tensión, nos relajan… hacen del espectador lo que quieren. Son Pixar, son una fábrica de sueños y estas dos palabras tan contradictorias unidas son una bomba de relojería: con la precisión de una máquina se crean sentimientos.

Remover las entrañas del espectador y divertirnos lo han hecho desde que empezaron, lo que tiene de especial Up es el buen uso de los recursos y la “humildad” del proyecto (está demás decir que la palabra “humildad” en Pixar es relativa) que les hace destacar entre el aluvión de películas que inundan las salas de cine y que pretenden salvarse de la quema gracias a los efectos especiales, a alardear del uso de ingentes masas de personajes y al excesivo detallismo que acaba haciendo perder de vista lo realmente importante de la escena.

Si con cinco personajes, unos cuantos sets y algunos perros parlantes se puede hacer una película redonda… ¿para qué más?, ¿para qué engañar al público?.

EL ARTE

Y como siempre, las cosas funcionan porque se hacen bien desde el principio, y Pixar brilla por una preproducción maravillosa gracias a la suma de talentos que trabajan diseñando y creando la personalidad de unos personajes que son los encargados de guiarnos en toda la película y, por tanto, los responsables de engancharnos a la historia.

 

Estudio de Lou Romano tras su viaje inspirativo a Venezuela. Como él mismo dice, el viaje es muy positivo en cuanto a que vivir la experiencia ayuda más a plasmar una idea que una simple foto del lugar, pero el problema es que a la hora de crear te puedes convertir en un esclavo de dicha experiencia. En este caso Romano tomó de referencia las formaciones rocosas formadas por la erosión del Tepui de Roraima.

En esta ocasión lo primitivo impregna la película, desde el diseño de los personajes, basado en formas geométricas simples (la hosquedad cuadriculada de Carl y los óvalos dulcificados de Russel, Dog y Kevin), hasta las formas antropomórficas de los paisajes, inspiradas en las formas naturales de los parajes venezolanos y las formas abstractas del arte de principios del siglo XX.

LA NATURALEZA Y EL VIAJE

La naturaleza es un elemento muy importante y en la película es considerada en toda su grandiosidad, desde su rudeza a su increíble belleza, estas son características propias de esa visión de la naturaleza como un ente sublime, posible de lo mejor y lo peor, y sobre todo, inaccesible para el hombre que es incapaz de dominarla y se enfrenta a ella como un ser diminuto y vulnerable ante ella. Este tratamiento es muy romántico, y en este mismo derrotero es tratado el tema del viaje.

 

 

Diseño inspirado en los tepuis del Escudo de las Guayanas. Los tepuis son mesetas muy abruptas de paredes cortantes y cimas muy planas. La palabra “tepui” es traducida como “montaña”, pero también, como “morada de los dioses”.

El desplazamiento en el espacio y el tiempo a lugares remotos con la intención de descubrir mundos simplemente por el placer de viajar, y no de descubrir rutas comerciales, es una idea muy decimonónica. En esta misma línea está el uso de Kevin como animal mitológico que ayuda a los más soñadores a creer que siguen existiendo seres extraños y lugares maravillosos por descubrir, que aún hay cosas desconocidas en un mundo que en muy poco tiempo se ha convertido en un lugar muy pequeño.

 

Kevin, el pájaro mitológico creado a partir del cuerpo de un emú, el pico de un tucán y el penacho y los colores del Monal del Himalaya de la foto, de la familia de los faisanes.

En realidad, conocer viejas civilizaciones, animales exóticos y paraísos perdidos está relacionado con la necesidad del hombre de encontrar su sitio en el universo y conocer su dimensión.

Pero el viaje que se hace en Up también es una travesía interior, del alma, y por eso hay un proceso de aprendizaje por parte de los protagonistas, sobre todo de Carl, que en ese intento de volver a los orígenes (relaciónese esto con la estética primitiva) su meta será muy diferente a la que esperaba porque en este caso, la ruta trazada se llena de imprevistos.

LA VEJEZ

Es casi increíble que una película de animación trate directamente la vejez como la última etapa en la que, por ley de vida, se está más cerca de la muerte.

Los ancianos de las películas de niños suelen ser esos señores entrañables o testarudos llenos de sabiduría, no hombres que han sido jóvenes, que han tenido fracasos, pérdidas, desilusiones, que pueden estar frustrados y obcecados en una idea estrafalaria.

 

Genial acting de Muntz con la cara desencajada y las manos en forma de garras.

Carl y Muntz son en realidad el mismo personaje, los dos viven atrapados en un pasado, que por mucho que se empeñen no pueden cambiar. Ambos están obsesionados en llevar una empresa sin mucho sentido y para ello han logrado cosas increíbles. Su ingenio ha conseguido hacer despegar del suelo una casa o crear un ejército de perros parlanchines, pero ninguno es capaz de ver que ni la “colorida casa” ni el “pájaro de colores” son necesarios para realizar sus sueños. Cuando ambos se conocen se están mirando en un espejo, con la diferencia de que Carl está en un proceso de conversión, está aprendiendo de nuevo a dejarse querer, mientras que la locura de Muntz ya es demasiado profunda como para hacerle entender que perseguir una quimera le ha hecho perder su vida.

Así de triste y así de real, la historia de ambos es como una parábola con un mensaje bien claro.

EL MENSAJE

La necesidad de aventuras y de vivir una vida intensa puede ser positivo en nuestro crecimiento personal, pero también puede nublarnos el camino, provocarnos ansiedad y frustración. Lamentándonos de la carencia de situaciones límites somos incapaces de darnos cuenta de que son los pequeños momentos cotidianos los verdaderos protagonistas y las grandes hazañas existenciales. Hacer de la cotidianeidad una aventura que merezca la pena ser vivida, ser capaces de ver más allá de los árboles y disfrutar del bosque que nos rodea, nos convierte a todo hijo de vecino en un verdadero héroe.

 

Y en ese camino azaroso que es la vida nos acompaña lo que denominamos familia, no por la sangre, sino por lo familiar, lo cercano. Es bueno ver cómo Pixar, sucesora de la clásica Disney, retrata por primera vez una familia rota, un padre que abandona su nido familiar y deja solo a un niño que reclama una figura paterna. Ese padre, como cabría esperar en un final feliz típico, tendría que aparecer para otorgarle la insignia de explorador a su hijo, sin embargo, es el pseudo abuelo que le ha echado el destino a Russel quien le ofrece que sean los parientes más cercanos.

Fantasía, elipsis inteligentes, recursos muy bien aprovechados y una actuación fabulosa, capaz de hacernos creíble una historia imposible, es lo que hace de esta película una enternecedora historia que habla de sentimientos y llega a todos, público y crítica, que como fábrica y sueños, esta vez, por el arte de magia made in Pixar no están reñidos.

Un repaso a “Los mundos de Coraline”

junio 22, 2009
by
Los mundos de Coraline no me ha decepcionado, es más, ha cumplido mis expectativas, primero como espectadora, y segundo, como enamorada de la buena animación. En varios puntos expongo el porqué.

Los mundos de Coraline: una adaptación

Como ya sabréis es la adaptación del libro de Neil Gaiman y las adaptaciones nunca son fáciles. A veces hay que prescindir de cosas, otras hay que inventar personajes o exagerarlos para poder entenderlos, siempre hay que cambiar relatos por acciones, y casi todos estos cambios son consecuencia del tiempo, pero también se deben a que una película no es ni debe ser una copia del libro en el que se inspira. El cine tiene su propio lenguaje (ya muy desarrollado) y las adaptaciones no tratan de hacer el favor al público de evitarle tener que leer la novela, al contrario, le ofrece una nueva obra bajo la visión de alguien que supuestamente sabe hacer su trabajo como guionista y/o director. Es en definitiva algo nuevo. Sería estúpido tener que decir qué es mejor La muerte en Venecia de Mann o de la de Visconti, cuando ambas son dos obras maestras por sí mismas. Y es más, las adaptaciones me parecen un acto de valentía, sabiendo que mucha gente ya ha imaginado la obra antes. Por esto, pido a aquellos que han leído el libro y les ha decepcionado la película, que planteen la crítica con ojos nuevos, analizándola como lo que es, un producto cinematográfico.

La inspiración

Coraline es una gran película, su narración, sus personajes, sus resoluciones artísticas, su ritmo. Y como película de animación en stop motion es una joya.
Ni que decir tiene que el juego de la imaginación con mundos paralelos ha sido un tema muy recurrente entre los narradores de historias fantásticas. El género humano desea mundos en los que seamos capaces de hacer cosas que nos son prohibidas en este o de cumplir objetivos que somos incapaces de alcanzar en la vida cotidiana por nuestros miedos e inseguridades.

Mundos de colores y olores que nos gustan donde es normal convivir con personajes extravagantes y animales mitológicos. Desde la creencia en el más allá, los mundos paralelos van y vienen adaptándose a las modas. Es cierto que Coraline tiene mucho de Alicia (las pequeñas puertas, el mundo del juego, la necesidad de diversión…) pero Coraline lo que hace es sustituir a sus propios padres. Cuenta descaradamente lo que muchos hijos quisieran porque aunque suene duro oírlo, a los amigos los elegimos pero la familia es la que nos toca. De aquí las frustraciones de muchos hijos poco atendidos y poco apoyados por sus padres. Pero Coraline es una historia para niños, y por tanto, tiene un final más o menos feliz: los padres se han relajado porque han conseguido su objetivo, terminar el catálogo, pero no son conscientes de lo que le ha ocurrido a su hija.

El tema

Básicamente Coraline nos está hablando de la soledad. Protagonista y bruja son mucho más parecidas de lo que en principio puedan parecer. Ambas están solas, se sienten solas y necesitan compañía. Ambas son de algún modo arañas secuestradas en su propia red. Incluso ambas tienen un punto repelente, que irónicamente les hace ser almas gemelas.

La diferencia es que una juega el rol de la bruja malvada y por eso no sabe cómo rodearse de compañía sin devorarla; y la otra, es la heroína, y casi sin quererlo, acaba rodeándose de buenos amigos a los que cuidar y con los que divertirse. Coraline acaba tomando conciencia de que su sensación de soledad la ha creado ella misma, y como única culpable, busca la solución cambiando su actitud.

Otros temas

El divertimento es algo que está muy presente en la película y aparece representado mediante dos elementos: el circo y el jardín.

El circo es una referencia a una época pasada en la que los niños no tenían consolas para divertirse. Entonces era la magia o la tensión de ver actuar a los trapecistas lo que hacía soñar a los niños con volar y con lugares imaginarios dentro del mundo real porque el mundo virtual aún no existía, de hecho aquí Selick trata a las computadoras como elementos idiotizantes que nos embeben hasta olvidarnos de ser partícipes del crecimiento de un hijo. Paradójicamente, el planteamiento del juego y su resolución nos sitúa muy cerca de los juegos de pruebas que se han popularizado entre los consumidores de videojuegos, pero superando sus límites (recordad que ella sí llega a su casa con rasguños y manchada tras el juego).

El jardín es el otro lugar tratado como centro de diversión. La creación de jardines viene desde la Antigüedad como lugares naturales creados por el hombre como si de paraísos terrenales se trataran. Con el tiempo, y sobre todo a partir del Renacimiento, y muy extendido en el Barroco, los jardines se convirtieron en lugares donde las cortes practicaban juegos, servían de escondite para los amantes y representaban el dominio de los salvaje por parte del hombre.

En el caso de Coraline, el jardín es el hilo de unión con sus padres: ella quiere crear un bonito jardín, ellos escriben sobre jardinería, cuando ni si quiera les gusta la tierra. Hablan de lo mismo pero en lenguajes diferentes, no hay una comunicación entre ellos porque Coraline aún es una niña y sus padres ya han perdido la inocencia, ven su trabajo como un modo de obtener un sueldo, no como su ilusión.

 

Si el jardín es importante por ser además el lugar donde acaban conviviendo todos los personajes de la película, la casa victoriana es un personaje más en la película. Pink Palace es tan protagonista como lo fueron Manderley (Rebeca, Alfred Hitchcock, 1940) y Xanadú (Ciudadano Kane, Orson Wells, 1941). De hecho, estas dos casas representan muy bien la doble personalidad del Pink Palace; Manderley es la casa bella pero aburrida y triste en la que el pasado está demasiado presente, es la casa real de Coraline; La otra casa es la representación de Xanadú: brillante, ostentosa, con todo lo deseado, pero en el fondo todo es superficial, es un simple espejismo que enmascara las inseguridades y la soledad de su dueño.

 

El arte

La casa victoriana y los detalles decimonónicos nos arrastran a una época que encuentra su inspiración en Degas (interiores, colores pasteles, tema del espectáculo), en Monet (las nieblas y las figuras silueteadas), y por supuesto, la referencia más clara es a Van Gogh y su noche estrellada.

 

El impresionismo es claramente el más influyente de los movimientos artísticos en la película, y los colores complementarios, elegidos cuidadosamente en cada escena lo confirman. Pero también hay arte de otras épocas como el jardín en forma de cara de la protagonista a la manera de los retratos manieristas de Archimboldo, la máxima expresión de las vánitas: el retratado aparece como algo efímero.


            


Por cierto, muy acertado el guiño a Ladislaw Starewicz, entomólogo y cineasta, a través de los bombones-cucarachas de la bruja. Este hombre empezó a hacer animaciones con los esqueletos de insectos a principios del siglo XX, creando así la animación stop motion.

The end

Se podría hablar mucho más de Coraline: el vestuario, los personajes secundarios, el gato como animal fantástico… pero no acabaría nunca y el post se haría insoportable.

Simplemente, Los mundos de Coraline es un canto a la imaginación perdida, a la infancia cada vez más corta y nos invita a vivir muchas vidas en la nuestra porque es tan importante lo que vivimos como lo que soñamos, ya que ambas vidas nos hacen ser nosotros mismos.

Ponyo y la paternidad

mayo 16, 2009
by

Leí hace tiempo algo sobre el enfrentamiento entre los Miyazaki, padre e hijo se vieron envueltos en un una disputa dominada por el orgullo. El hijo se empeña en hacer una gran película sin experiencia previa en la profesión, y el padre, al ver el resultado y conceder un escueto beneplácito a su hijo, decide responderle con lo que mejor sabe hacer, otra película. Así fue como el hombre que anunció su retirada de la animación volvió para darle una lección a su hijo. No una lección en el mal sentido de la palabra, sino una de la que aprender. La película no trata, ni por asomo, de competir con Cuentos de Terramar, no, Hayao Miyazaki rescata al niño más puro que tiene dentro y hace Ponyo en el acantilado.

Fotograma de Cuentos de Terramar. Goro Miyazaki.

Fui a ver Ponyo el fin de semana pasado, la pobre ya estaba condenada a una sala diminuta e incómoda, pero, por suerte y para mi alivio, la horda de niños avejentados que estaban en la cola del cine fueron todos a ver a la repelente Hannah Montana, desde aquí: ¡Gracias Hannah!

En nuestra pequeña sala había poquitos niños, muy pequeños y acompañados todos por unos padres que no tuvieron que pedirles que se callaran porque se quedaron absortos en la historia y sólo jaleaban a Ponyo cuando ésta surcaba las olas persiguiendo a Sosuke. Padres y niños salieron encantados, yo emocionada. Por arte de magia había vuelto atrás en el tiempo, cuando las preocupaciones que teníamos eran mucho más verdaderas que ahora. ¿Acaso no es más importante la vida de un amigo, aunque éste sea un pez, que una hipoteca subyugante pagada con un dinero de plástico que jamás veremos?

Fotograma de Ponyo en el acantilado. Hayao Miyazaki.

La emoción de esta película reside en el amor con el que está hecha. Miyazaki padre decide explicarle a su hijo cómo él (animador-pescador) pasaba mucho tiempo fuera de casa sumido en su profesión. Cómo, por esta razón, la madre de Miyazaki hijo asumió el peso de una casa y de la educación del niño. Cómo él, el gran padre y pescador, no debería haber pensado que su hijo sabría menos del mar por no vivir en él… pero también, le explica que las grandes obras no son enormes grandilocuencias y que de la idea más sencilla se puede crear una obra admirable, sólo hace falta imaginación.

Fotograma de Ponyo en el acantilado. Hayao Miyazaki.

Imaginación a parte, que a Hayao le sobra a raudales, sigo impresionándome con la animación, ¡toda tradicional!, el trato que le da a las mujeres, los temas universales (amor, amistad, maternidad, miedo, valentía) que siempre logran tocar nuestra fibra sensible porque todos nos sentimos identificados con ellos y sus personajes, tan bien construídos (incluso los secundarios).

Fotograma de Ponyo en el acantilado. Hayao Miyazaki

Ponyo no es una película épica como Mononoke o Nausicaä, es una película pequeñita, sencilla, preciosa, íntima y genial.


Fotograma de Ponyo en el acantilado. Hayao Miyazaki.